Michalak leyenda del rugby francés anuncia su retiro

Lo dejará tras terminar la temporada con Lyon. En su haber dos Top-14, tres Champions, una Currie Cup y ser el máximo anotador histórico de la Selección francesa (436 puntos).

Hablar de Frédéric Michalak es hablar de la última gran cosecha del rugby francés. Esa que fue capaz de ganar cinco veces el Seis Naciones entre 2002 y 2010 incluyendo tres Grand Slams (ganar todos los partidos del torneo) en 2002, 2004 y 2010. En todos ellos estuvo Michalak, manejando desde la posición de apertura un equipo en el que se alinearon jugadores de la talla de Raphael Ibáñez, Thierry Dusatoir, Julien Bonnaire o Clément Poitrenaud. Palabras mayores.

Michalak de 35 años, oriundo de Toulouse, comenzó a forjar su leyenda en el equipo de su ciudad, el Stade Toulousain. Con Guy Novés, uno de los últimos predicadores del rugby champagne, a los mandos, Michalak, un diez de fantasía, pudo lucir en todo su esplendor para ganar un Top-14 en 2001 y dos veces la Copa de Europa, en 2003 y 2005.

Con los deberes hechos en su país natal, probó la aventura sudafricana en los Sharks y allí ganó la prestigiosa Currie Cup en 2008 antes de una breve segunda etapa en Toulouse en la que aún así tuvo tiempo de ganar otra Champions en 2010 y el Top-14 al año siguiente. Después volvería a los Sharks, donde no consiguió ningún título más, y en 2012 fue tentado con éxito por los millones de Mourad Boudjellal para poner rumbo a Toulon, donde ha añadido otros tres entorchados más de la máxima competición europea a su palmarés (2013, 2014 y 2015) para después irse a dar sus últimos coletazos a Lyon.

Entretanto le ha dado tiempo a convertirse en el máximo anotador histórico de la Selección francesa con 436 puntos y a dejar momentos para el recuerdo como aquella descarga mágica para Yannick Jauzion en los cuartos de final del Mundial de 2007 que desembocó en el ensayo que por primera vez en la historia apeaba a los All Blacks de una cita mundialista antes de semifinales.

Desde entonces, el rugby francés sufre una epidemia de billetes y testosterona. El prototipo del rugbier francés, hostigado por los extranjeros que llegan a espuertas, se ha alejado de jugadores como Lamaison o el propio Michalak y ahora se fija en perfiles como Basteraud o Lamerat. El talento, véase el caso de Trihn-Duc, no tiene cabida en un XV del Gallo en el que las tésis de Novès poco pueden hacer ante la preponderancia de Bernard Laporte, un hombre empeñado en destruir lo que un día fue el rugby más exhuberante de Europa. Por eso, cuando acabe la temporada, la figura de Michalak se va a echar, si cabe, todavía más de menos.

 

 

 

Por Walter Lopez